Boeing B-29A El B-29, muy avanzado tecnológicamente, era muy difícil de interceptar para los japoneses.

La noche del 9 al 10 de marzo de 1945 un total de 279 bombarderos norteamericanos B-29 lanzaron 1.700 toneladas de bombas incendiarias sobre Tokyo. 41 km cuadrados de territorio ardieron, y más de 100.000 personas murieron. Es el bombardeo aéreo más mortífero de la historia. Incluso más que las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki, lanzadas el 6 y el 9 de agosto de ese mismo año, y que llevó al final casi inmediato de la guerra.

09ww11-firebombing-01-superJumbo La devastación fue tremenda en Tokyo.

Tokyo se convirtió en una inmensa pira funeraria que ardió durante días. Se alcanzaron temperaturas de hasta 600 grados Celsius. Las llamas provocaron huracanes que aspiraban el oxígeno para seguir alimentando el fuego, que se extendió a varios kilómetros a la redonda. Además de las muertes directas por el ataque, se produjeron miles de muertos por las heridas recibidas, malnutrición, enfermedades, y un millón de personas quedaron sin hogar.

B-29 with an engine problem over Tokyo B-29 con problemas de motor, sobre Tokyo.

A setenta y cinco años vista, este horror, largamente olvidado en la historia oficial americana, se nos antoja horrendo. Pero, cuales fueron las circunstancias que llevaron a este tipo de ataques.
La guerra del Pacífico ya duraba más de tres años, y los japoneses la estaban perdiendo de forma clara. Sin embargo, la estrategia de saltos de isla en isla de los norteamericanos era costosa en material y en vidas. La invasión de Iwo Jima, primera isla de territorio japonés, con 23 Km cuadrados de extensión, costó 6.000 vidas norteamericanas y más de 20.000 japonesas. La perspectiva de bajas en una invasión de las islas principales de Japón era demasiado elevada.
Por otra parte, la entrada en servicio de los superbombarderos B-29, en mayo de 1944, ofrecía unas capacidades de ataque mejoradas y el avión era muy difícil de interceptar por los japoneses. Sin embargo, la precisión del bombardeo a gran altura dejaba mucho que desear por la dispersión de las bombas.

TokyoStrike_10 Ataque con bombas incendiarias.

Estados Unidos había estado desarrollando “bombas de fuego”, la llamada E-46, que consistía en una carcasa que encerraba hasta 47 pequeñas bombas incendiarias. No explotaban, sólo se incendiaban y los miles de fuegos se convertían al final en uno enorme que se retroalimentaba. La construcción tradicional japonesa en madera era ideal para utilizar este arma.

Tokyo-kushu-hikaku

Con todos estos elementos se maquinó la Operación Meetinghouse. Un ataque nocturno a baja altura para destruir la moral de la población. El polémico general Curtiss Le May tomó la decisión, y para aligerar los B-29 pidió que se dejase en tierra el armamento defensivo y los artilleros que lo manejaban, lo que no gustó a las tripulaciones.

General Curtiss LeMay El General Curtiss LeMay

El ataque tuvo un coste relativamente bajo para los B-29, ya que solo se perdieron 27 por las defensas niponas, o averías. Pero tuvo un coste psicológico importante para las tripulaciones, a pesar de la ingente propaganda que presentaba al enemigo como inhumano al que había que exterminar, muchas de ellas sufrieron lo que luego se ha conocido como Estrés postraumático de combate.
La guerra estaba definitivamente perdida para Japón.

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