
20 de marzo de 1920. Un avión monomotor calienta motores dentro de uno de los hangares de la antigua factoría Fokker de Schwerin, en Alemania. Sale rodando desde el mismo hangar y, sin detenerse, inicia su secuencia de despegue. Acaban de robar el prototipo del Fokker F.II. No es el guion de una peli de espías. Esto ocurrió en realidad y por encargo del mismísimo Anthony Fokker.
Prototipo V.45.
Fokker fue uno de los mayores proveedores de la aviación alemana durante la Primera Guerra Mundial. Cuando llegó el armisticio, Fokker retornó a su Holanda natal y estableció allí su negocio, pero no pudo llevarse sus aviones, que estaban retenidos por las potencias vencedoras.

El Fokker F.II fue el primer avión de pasajeros del constructor. Voló por primera vez en octubre de 1919, y su piloto de pruebas, Adolf Parge, se mostraba entusiasta en cuanto a sus características y potencial. El problema era que el avión estaba en Alemania, y no podía salir de allí. Así es que Fokker lo “robó”.
Bernhard de Waal era uno de los incondicionales de Anthony Fokker. Trabajó con el casi desde el principio, y el constructor, que tenía la paciencia entre sus muchas virtudes, ideó un plan para apropiarse del avión, y así poder empezar a comercializarlo. De Waal se hizo pasar por un posible cliente, y ayudado por algunos empleados, se hizo con el avión y lo robó.

Para hacer la cosa todavía más ilegal, de Wall se llevó una máquina de coser (escaseaban en Holanda). El trayecto no fue fácil. Durante el vuelo, el motor falló dos veces. En la primera, de Waal fue capaz de repararlo y volver a despegar. En la segunda ocasión, aparecieron dos policías haciendo preguntas. De Waal convenció a uno de ellos para que le ayudase a arrancar el motor, y salió volando, literalmente, del lugar.

No terminaron aquí sus infortunios. Al aterrizar cerca del pueblo de Surhuisterveen, ya en territorio holandés, rompió el tren de aterrizaje. La reparación era imposible, por lo que llamó a Fokker, que apareció con un camión para llevarse el aparato. Así es que la larga historia de aviones civiles Fokker, comenzó con esta historia tan rocambolesca.

Los trabajos sobre este avión, conocido internamente como V.45, comenzaron el diciembre de 1918. Se trataba de un monomotor de ala alta con capacidad para el piloto y cinco pasajeros, diseñado por Reinhold Platz. El avión voló al año siguiente, casi al mismo tiempo en que KLM se formaba y expresaba sus necesidades. A Fokker no se ocurrió una forma más rápida de presentarle un prototipo que robar el que tenía volando en Alemania.

Fokker fabricó 23 ejemplares del F.II, que sirvieron en las líneas europeas de KLM y otras líneas aéreas hasta que fue completamente retirado en 1934.




Pilotos de prueba de lifting body. Jerry Gentry, Pete Hoag, John Mank y Bill Dana, ante un HL-10.

El X-24A y su reconversión a X-24B, en un documento de la NASA.

La capacidad de carga del Skyraider era espectacular.
Uno de los prototipos en fase de evaluación.
El primer prototipo, con LaVerne Ward a los mandos.
AD-5 de los MArines en vuelo.
Ed Heinemann, posando en un Skyhawk, que también diseñó.

Super Mystere B1.



Sa’ar israelí. Vease la tobera más larga para el PW J52 que equipaba.







El «Monsun», primer 18 en vuelo.
El Schwavenland con Do-18 a bordo.

Do-18F modificado con motores radiales BMW 132N.

Comparativa con los aviones a los que debía sustituir.










Loire Nieuport LN.401 durante la Batalla de Francia.
Hermann Goering, amigo personal de Hitler y as de la Primera Guerra Mundial, fue el «señor» de la Luftwaffe desde el primer momento.
El Dornier Do P, bombradero disfrazado de avión de transporte.
Heinkel HD-37, utilizado para entreamiento en Rusia.
Junkers K-39 en 1927.
Los aviones de Luft Hansa fueron utilizados para el entrenamiento de tripulaciones.
El Dornier 19, Ural Bomber, no se produjo por falta de recursos.
Un bf-109 en el tunel de viento. Al comenzar la guerra la Luftwaffe tenía la superioridad tecnológica.
Producción de Ju-88. La falta de materias primas limitó severamente la capacidad de la Luftwaffe.
Bachem Natter, un intento desesperado de equilibrar una situación imposible. Construido con materiales no estratégicos.