India vuelve retrasar su programa espacial tripulado. El ministro indio del Espacio, Jitendra Singh, anunció que la Organización de Investigación Espacial de la India (ISRO) tiene como objetivo el primer trimestre de 2027 para su primer lanzamiento de astronautas, originalmente previsto para 2022. La misión estará precedida por tres lanzamientos sin tripulación para mejorar la calificación de la infraestructura de cohetes y tierra.
La primera de estas tres misiones Gaganyaan sin tripulación, conocida como G1 y largamente retrasada, está programada para el cuarto trimestre de este año y transportará un robot llamado Vyomitra (que en sánscrito significa «amigo espacial») para recopilar datos durante el vuelo.
La segunda y la tercera misiones Gaganyaan, G2 y G3, también transportarán a Vyomitra y se lanzarán en 2026. La primera misión tripulada, denominada H1, volará en el primer trimestre de 2027. Los astronautas de la India, o Gaganyatris, para las misiones H1 y H2 fueron seleccionados en febrero de 2024.
Los Gaganyatris se lanzarán en parejas a bordo del H1 y el H2, convirtiendo a India en el cuarto país en lanzar humanos de forma independiente, después de Estados Unidos, la Unión Soviética/Rusia y China. Las misiones los mantendrán en órbita terrestre baja durante unos tres días antes de aterrizar de regreso en la Tierra. Todos se encuentran actualmente en la fase final de entrenamiento.
Las misiones lanzarán la nave espacial india Gaganyaan en un cohete ISRO (Human-rated Launch Vehicle) Mark-3 HLVM3. El vehículo de lanzamiento de cuatro etapas tiene una altura de 43,5 metros, cuenta con dos cohetes propulsores sólidos y una torre de eyección de cápsulas de nuevo diseño para separar a la tripulación y la nave espacial del cohete en caso de emergencia.
Singh también ofreció actualizaciones sobre el desarrollo de la infraestructura de la misión Gaganyaan, incluyendo las interfaces de la plataforma de lanzamiento, un centro de control de misión, contingencias para la evacuación de la tripulación y sistemas de comunicaciones. Entre el hardware de apoyo terrestre y el vehículo de lanzamiento, el desarrollo está completo al 90%, y solo restan las fases finales de calificación.
El 17 de mayo de 1930 Max Valier ocupó su lugar habitual frente al banco de pruebas y la báscula y siguió con los experimentos de su cohete con combustible líquido, con queroseno mezclado con agua con oxígeno líquido. Tras dos pruebas exitosas, estaba tan emocionado que insistió en realizar una última prueba esa misma noche. Nada más empezar la prueba, terminó abruptamente con una violenta explosión. Sus ayudantes Walter Riedel y Arthur Rudoph, corrieron hacia el pero nada pudieron hacer. Un fragmento había perforado la arteria pulmonar. Tenía 35 años y murió haciendo lo que le gustaba. Puede considerársele la primera víctima de la era espacial.
Estas pruebas se realizaban sin ninguna consideración por la seguridad. Valier no llevaba gafas protectoras ni ropa ignífuga, ni se sentó detrás de un muro de hormigón mirando a través de una pequeña ventana. Estaba justo delante de la cámara de combustión, con el rostro totalmente expuesto a la llama que se elevaba. En los inicios de la cohetería, no había tiempo para estas consideraciones de seguridad, y aún menos dinero disponible para dedicar a crear un entorno seguro.
Max Valier nació el 9 de febrero de 1895 en Bolzano, que entones formaba parte del imperio austro-húngaro. En 1913 se matriculó en física en la Universidad de Innsbruck. También se formó como maquinista en una fábrica cercana. Sus estudios se vieron interrumpidos por la Primera Guerra Mundial, durante la cual sirvió en el cuerpo aéreo del ejército austrohúngaro como observador aéreo.
Al terminar la guerra, Valier no retomó sus estudios, sino que se convirtió en escritor científico independiente. En 1923, leyó el libro emblemático de Hermann Oberth, Die Rakete zu den Planetenräumen (El cohete al espacio interplanetario), y esto le cambió la vida. Se puso en contacto con Oberth, y escribió una obra similar para explicar sus ideas en términos comprensibles para el público general (El Avance Espacial) que fue un éxito rotundo, con seis ediciones publicadas antes de 1930. A continuación, publicó numerosos artículos sobre viajes espaciales, con títulos como «De Berlín a Nueva York en una hora» y «Un audaz viaje a Marte».
En una carta a Oberth, escrita en la primavera de 1925, Valier incluyó un suplemento titulado «El desarrollo de la nave espacial a partir de un avión». El plan de Valier era equipar un avión con un motor de cohete, algo que consideraba una forma rentable de probar el potencial del vuelo propulsado por cohetes. El interés de Valier en convertir aviones en aviones espaciales residía en sus diseños aerodinámicos, en concreto en la sustentación generada por las alas y las palas de las hélices.
El propósito de Valier era modificar un avión Junkers para alojar cohetes en la parte trasera y sellar herméticamente la cabina para preservar la presión interior. Estos aviones despegarían con normalidad, recorriendo una pista a toda velocidad hasta alcanzar la velocidad suficiente para despegar. Luego, una vez que el avión alcanzara una altitud donde el aire se volviera demasiado enrarecido para que las palas de la hélice pudieran impulsarlo, el piloto encendería los cohetes. Al final del vuelo, agotados los cohetes y su empuje, el avión planearía y aterrizaría como una aeronave tradicional.
En 1928 y 1929, colaboró con Fritz von Opel, heredero del imperio Opel, en varios automóviles y aviones propulsados por cohetes el Opel-RAK. Para von Opel, estos experimentos también tuvieron un efecto muy positivo en las relaciones públicas de la empresa, y para Valier, fueron una forma de fomentar el interés por la cohetería entre la población general.
Friedrich Sander fue elegido proveedor de motores para cohetes de combustible sólido. Las actividades de Valier y von Opel condujeron a récords de velocidad para vehículos terrestres y ferroviarios, y finalmente al primer avión cohete del mundo. El primer vuelo público tuvo lugar el 30 de septiembre de 1929, pilotado por von Opel.
A finales de la década de 1920, la VfR (Organización Alemana para el Desarrollo de Cohetes) centraba sus esfuerzos en los cohetes de combustible líquido. Su primera prueba de lanzamiento exitosa con combustible líquido (de cinco minutos de duración) tuvo lugar en la planta de Heylandt el 25 de enero de 1930. El 19 de abril de 1930, Valier realizó la primera prueba de conducción de un vehículo cohete con propulsión líquida, el Valier-Heylandt Rak 7.
Las ideas de Valier para un Junkers propulsado por cohetes no distaban mucho de las de algunos de los primeros aviones cohete que volaron en las décadas de 1940 y 1950. Aunque se lanzaban desde el aire y no despegaban por sus propios medios (los ingenieros se dieron cuenta rápidamente de que estos aviones consumirían todo su combustible simplemente al despegar). Por desgracia, Valier solo vio el vuelo de sus aviones cohete en su imaginación. Sírvanos de ejemplo su entusiasmo por el futuro. Nunca dejemos de soñar.
La semana pasada (5-5-2025) comenzó la verdadera misión de SPHEREx (Espectrofotómetro para la Historia del Universo, Época de Reionización y Explorador de Hielos) de la NASA. La misión consiste en tomar 3600 imágenes únicas al día para crear un mapa 3D del cielo. Se espera que la misión estudie más de 100 millones de estrellas en nuestra galaxia, la Vía Láctea, y más de 450 millones de galaxias más allá de la nuestra. SPHEREx completará más de 11.000 órbitas de norte a sur durante los próximos 25 meses.
La órbita heliosíncrona de 90 minutos, permite a SPHEREx que pueda escanear todo el cielo, una franja de 4,5 grados de ancho cada vez. Esta órbita única también permite a la misión mantener sus paneles solares apuntando continuamente hacia el Sol, mientras que la óptica se mantiene fresca a la sombra y apuntando en la dirección opuesta.
El inicio de la fase científica de operaciones se produce tras un período de un mes de calibración y puesta en servicio de la nave espacial y sus instrumentos. SPHEREx se lanzó a bordo de un cohete Falcon-9 de SpaceX desde la Base de la Fuerza Espacial Vandenberg, el 12 de marzo (para más información: https://shapingupfutures.net/2025/03/28/la-nasa-lanza-las-misiones-cientificas-spherex-y-punch/). La misión formó parte de un lanzamiento en tándem, junto con el cuarteto de satélites PUNCH (Polarímetro para Unificar la Corona y la Heliosfera), que mide el viento solar.
SPHEREx tiene tres objetivos principales. En primer lugar, la misión pretende medir la cantidad de hielo (agua, metanol, dióxido de carbono y monóxido de carbono) presente en las nubes de polvo molecular. El siguiente objetivo es observar el brillo del fondo fuera de la galaxia para rastrear la evolución galáctica a lo largo del tiempo. El objetivo principal de la misión es completar un estudio tridimensional a gran escala de las posiciones de las galaxias para comprender el papel del crecimiento en el universo primitivo.
Específicamente, al mapear el movimiento y la posición precisos de millones de galaxias actuales, los investigadores esperan revelar qué sucedió en el pasado, remontándose al momento de la explosión cósmica, cuando el universo se expandió un billón de billones de veces en un corto período de tiempo. Al igual que con el Fondo Cósmico de Microondas, se cree que lo sucedido en el pasado podría haber dejado una huella en el universo moderno en otras longitudes de onda, incluyendo el infrarrojo.
Para ello, SPHEREx utilizará sus seis instrumentos multiespectrales que operan en las bandas de 0,75 a 5,0 micrómetros. Fijo en su lugar, SPHEREx se basa en ruedas de reacción a bordo de la nave espacial para orientarse a una nueva posición en el cielo. SPHEREx será la primera misión en abarcar todo el cielo en 102 longitudes de onda distintas de luz infrarroja.
Lunar Outpost acaba de presentar su nuevo vehículo lunar «Eagle» en el 40 Simposio Espacial anual de la Space Foundation, que parece sacado directamente de la ciencia ficción. El vehículo está repleto de características diseñadas pensando en la próxima generación de exploradores lunares del programa Artemis y se basa en los comentarios de los actuales astronautas del Centro Espacial Johnson de la NASA.
En la configuración mostrada, el Eagle cuenta con dos asientos para la tripulación, cada uno con sus propios controles redundantes y en espejo, lo que significa que cualquiera de los dos astronautas puede controlar el rover. Los mandos de dirección de cada lado consisten en una única manivela que controla cuatro motores individuales que accionan cada rueda. Cada rueda puede girar independientemente de las otras tres, lo que permite al Eagle girar sobre su eje central o «caminar como un cangrejo» hacia los lados.
Además del controlador manual, cada asiento tiene una pantalla multifunción a la altura de los ojos de cada uno de los astronautas que viajan a bordo. Estas pantallas fusionarán imágenes de las cámaras de a bordo y de los sensores «ojo de águila» del Lunar Outpost, que pueden ver cosas que los ojos de los astronautas no ven, lo que resultará muy útil si el vehículo se envía a explorar regiones cercanas al polo sur de la Luna que contengan regiones en sombra permanente o cráteres profundos donde pueda esconderse hielo.
Para ayudar a los astronautas a llevar a cabo actividades científicas y de exploración en la superficie lunar, Eagle también cuenta con armarios para herramientas y contenedores de muestras refrigerados para ayudar a traer a casa muestras de la Luna de forma segura. Cada armario de herramientas cuenta con un estante que puede elevarse hasta la altura del pecho de los astronautas, facilitándoles el acceso a lo que necesiten incluso con un voluminoso traje espacial. A los estantes situados a lo largo de los laterales de la parte trasera del vehículo pueden añadirse otros estantes para herramientas y almacenamiento.
Pero Eagle no sólo se ha construido pensando en los astronautas. El vehículo puede ser manejado de forma autónoma o por controladores en la Tierra, lo que le permite explorar la superficie lunar sin astronautas.
En 2024, la NASA adjudicó un contrato de Servicios de Vehículos Todoterreno Lunares (LTVS) al equipo Lunar Dawn, dirigido por Lunar Outpost en colaboración con General Motors, Goodyear, MDA Space y Leidos.
El Eagle está actualmente en competición junto a otros dos vehículos, diseñados por Intuitive Machines y Venturi Astrolab, en la búsqueda de la NASA de su próximo «vehículo de terreno lunar». Eagle se someterá a una Revisión Preliminar de Diseño (PDR) esta primavera para garantizar que el vehículo cumple los requisitos de la NASA. Se espera que la NASA anuncie la elección del proveedor del LTVS a finales de año. El valor potencial total del contrato de servicios para vehículos lunares es de 4.600 millones de dólares.
Según el blog SatTrackCam, el próximo 10 de mayo de 2025, ± 2,8 días al ritmo actual, el desaparecido módulo de aterrizaje para Venus Kosmos 482 chocará con la atmósfera terrestre en algún punto entre los 52º de latitud norte y los 52º de latitud sur. Esto incluye desde partes del Reino Unido, Alemania y Canadá en el norte hasta Argentina, Chile y los océanos Atlántico y Pacífico en el sur. Esta información podría ser irrelevante, pero el Kosmos 482 podría no desintegrarse en la atmósfera.
La razón es que la cápsula de aterrizaje está compuesta por instrumentos sellados dentro de una cubierta protectora de titanio semiglobular que pesa un total de 472 kg. Está diseñada para resistir el paso por la atmósfera venusina, que es 90 veces más densa que la nuestra, y luego sobrevivir en la superficie de Venus durante más de una hora, donde llueve ácido sulfúrico y la temperatura es la del plomo fundido. En resumen, es una canastilla resistente y, si no se rompe en la reentrada debido a daños previos, tiene muchas posibilidades de llegar a tierra.
Lanzado el 31 de marzo de 1972 desde el cosmódromo de Baikonur, en la actual Kazajstán, el Kosmos 482 debía ser una de las naves que aterrizasen en Venus, pero falló en el despegue y entró en órbita alrededor de la Tierra en lugar de dirigirse a Venus. Por este motivo, la nave mantuvo el nombre genérico de Kosmos en lugar de Venera, ya que al Kremlin no le gustaba llamar la atención sobre sus fracasos.
Como parte de la Guerra Fría entre la URSS y Estados Unidos, los soviéticos llevaron a cabo un agresivo programa de exploración lunar y del espacio profundo desde 1959 hasta 1989, con resultados desiguales. Una faceta de este esfuerzo fue el lanzamiento de una serie de sondas Venera entre 1961 y 1984. A pesar de un deprimente número de fracasos, el programa logró algunas primicias notables, como la primera sonda que impactó en otro planeta, el primer muestreo de la atmósfera de otro planeta y el primer y, hasta hoy, único aterrizaje en Venus.