¿Quo vadis, Europa?

¿Quo vadis, Europa?

Europa, acostumbrada a no tomar decisiones y dejar que el tiempo pase, lleva muy mal el ritmo que le está imponiendo Trump, quien tiene prisa por poner las cosas en el orden que a él le gusta.

No es solo el poner en evidencia algo que ya veníamos sospechando (el ínfimo peso de Europa en el concierto mundial), y ponernos ante el espejo de nuestras propias contradicciones, en poco menos de un mes, Trump ha cambiado los paradigmas que han conformado el mundo en que vivimos desde la segunda guerra mundial. Ha demostrado que el que manda es él

Europa, además de lamer sus heridas, y decir que todo esto es injusto, debería comenzar a funcionar como un verdadero estado (conjunto de intereses comunes), dependiendo lo mínimo posible del exterior y defendiendo al máximo los intereses de los europeos. De todos los europeos.

En los próximos meses vamos a ver el rápido desmontaje de muchas de las verdades que han regido La Unión en los últimos veinte años, y un regreso a los principios que impulsaron el olvidado Mercado Común europeo. También deberíamos plantearnos si las decisiones deben ser tomadas en Bruselas, por burócratas que viven en su burbuja, o procurar hacerlo más a pie de calle, donde la realidad y el sentido común mandan.

Esta es una gran oportunidad para refundarnos y para curar muchos de los problemas que nosotros mismos hemos creado. Es una oportunidad para volver a ilusionar a los europeos con políticas que les sirvan, y no le causen más problemas. Para cambiar los líderes actuales por personas que hayan tenido empleos, unas nóminas que pagar y los problemas derivados de una sobrelegislación que entorpece los negocios y las empresas y les resta competitividad.

Una oportunidad para tratar a los europeos como personas adultas, que no necesitan a Papa Estado, sino unos administradores que les ayuden a progresar, a crear riqueza y empleo y a mirar el futuro a la cara y con confianza. No hay política más progresiva que esa.

Europa, solo entonces, volverá ser importante y a tener el peso en el mundo que le corresponde.

El Sikorsky S-16, primer caza producido en Rusia

El Sikorsky S-16, primer caza producido en Rusia

El 6 de febrero de 1915 volaba por vez primera el Sikorsky S-16, que fue el primer caza puesto en producción por Rusia. En principio fue concebido como un caza de escolta para los cuatrimotores Ilya Murometz en su raids estratégicos en Prusia Oriental, aunque también sirvió como caza y avión de reconocimiento para el Escuadrón de Dirigibles.

Inspirado en el Sopwith Tabloid, fue diseñado por Igor Sikorsky en 1914. Estaba equipado con cuatro ruedas para operar en los campos parcialmente inundados, y además contaba, como todos los Sikorsky con alerones para el control lateral. Estaba propulsado por diferentes motores, incluyendo un Le Rhone de 110 CV, traído de Francia o el Gnome-2 de 80 CV, que se fabricaba localmente. El motor más potente era el preferido, pero la mayor parte de los aviones montaros el Gnome.

Fue uno de los primeros cazas en contar con una ametralladora sincronizada, una Vickers o Maxim que disparaba a través del arco de la hélice. Como era muy proclive a trabarse, algunos S-16 contaban con una Lewis instalada en el al superior. La mayor parte de las fuentes hablan de un total de 33 aviones fabricados por RBVZ (Russian Baltic Wagon Works) en San Petersburgo, con Sikorsky como Jefe de Diseño.

El diciembre de 1915 y a comienzos de 1916 se entregaron siete S-16, aunque eran inferiores los Fokker D.II y D.III de sus oponentes. Pero cuando montaba el equipamiento adecuado y el motor Le Rhone, era un avión competitivo en manos de un buen piloto, alcanzando varias victorias contra alemanes y austriacos.

Sikorsky estaba destinando la mayor parte de sus recursos a la construcción y desarrollo de Ilya Murometz, pero hizo varios intentos de desarrollo del S-16. El S-17 era una versión con mayor protección y el S-18 una con dos motores, pero no llegaron a producirse. El S-20 era una versión mejorada, con motores de mayor potencia. Resultó un aparato sobresaliente con velocidades de hasta 190 km/h, pero tampoco entro en producción.

Varios S-16 sobrevivieron a la Revolución de 1917, y fueron operados por la Fuerza Aérea Roja durante la Guerra Civil. Los últimos aviones, ya en labora de entrenamiento, fueron retirados hacia 1923-24.